Evolución del diseño de las GoPro: ¿Conservar aquello que ya funciona o innovar?

Si analizamos el diseño de las GoPro desde que salió al mercado, nos sorprende que desde la primera release allá por el 2005 hasta el 2015 a simple vista casi todas son iguales. Suponemos que Nick Woodman, fundador y CEO del imperio de las cámaras de acción, encontró la fórmula que funcionaba y hacer grandes cambios a nivel visual resultaría demasiado arriesgado.

Woodman reunió el dinero para fundar su startup GoPro recorriendo la costa de California vendiendo cinturones de perlas y conchas comprados en Indonesia por 2 dólares a 60USD, reuniendo el dinero necesario para emprender su negocio en el mundo de las cámaras de acción.

Ha llovido desde que la primera GoPro salió al mercado. La GoPro Hero representa la expresión más mínima puesto que solo tenemos dos botones, una mini-pantalla y el objetivo. Fue en la release de la Hero 3 cuando aparecieron los LEDS de colores para indicarnos la modalidad en que se encuentra la cámara. Es cierto que el diseño externo ya aparece más cuidado y prácticamente igual que en su última versión de la Hero 4.

Suponemos que una marca de tal prestigio, habrá seguido sin duda un proceso iterativo incremental, en el que se aprende de la experiencia y el comportamiento de los usuarios para aportar más valor al producto. Hero 4 añade el plus que creemos, muchos usuarios estaban esperando, por fin una pantalla trasera que nos permite ver lo que grabamos. ¿Qué más podemos pedir ahora?  Si me permiten, creo que lo único que le faltaría a las cámaras GoPro sería la posibilidad de bajar aplicaciones, para acercarse un poco más a las posibilidades que ofrece un smartphone. Poder aplicar filtros como en Instagram o poder consultar el nivel de oleaje para ir a surfear.

GoPro anunció en 2014 su entrada en bolsa, y es que sus ventas no dejan de crecer. Han sido varios los intentos de la competencia por quitarle puestos, poniendo precios más bajos y lanzando al mercado cámaras de menos calidad. Me pregunto que pasará si algún día llega al mercado la Xiami Yi Action camera, capaz de grabar a 1080p a 60fps y con el escalofriante precio de 64USD. De momento, tan solo quieren posicionarse y vender en china, pero todo es posible. Hay que reconocer que su diseño es muy similar al de una GoPro ya que es cierto que éstas abrieron el mercado y dictaminaron una manera de ser, y un diseño que hoy en día sirve de inspiración a sus competidores.

Resulta difícil imaginar una nueva integración del diseño de estas cámaras. Y personalmente, creo que eso implicaría más costes de producción y a consecuencia un incremento del precio final. Estaría alguien dispuesto a pagar más de lo que ya vale una GoPro sólo por el diseño? Complicada cuestión.

Está claro que Woodman ha dado con la tecla que funciona, pero no hay que olvidar que en un mundo tan fugaz dónde todo nace y todo muere es importante el estudio constante de tus usuarios así como la optimización de tu producto. En un mercado tan disputado como el de las cámaras de acción, si alguien innova más que tú te pueden quitar el sitio.

Ellas, víctimas del discurso del marketing tecnológico

Los productos que van enfocados al sector de mercado femenino han sido tradicionalmente unos “abusones” en términos de retórica publicitaria. Muchas de las cremas que se anuncian en televisión basan sus propiedades en palabrería vacía y rimbombante que no está respaldada por estudios científicos que lo abalen.

Según parece los directivos de agencias de marketing tienen tendencia a creer que las mujeres son más crédulas a la palabrería vacía y grandiolocuente. Y si echamos un vistazo a los productos tecnológicos que pretenden la compra del sector femenino ya nos encontramos con auténticos discursos propios de anuncios de teletienda en altas horas de la madrugada.

Por ejemplo, haciendo una rápida búsqueda: observemos el sector de las planchas de pelo. Muchas de ellas se venden explicando que llevan generadores de rayos infrarrojos que “bañan” el pelo y consiguen mejores alisados y una mejora de la salud capilar. Si buscamos los efecto que tiene la radiación infrarroja en nuestra melena nos daremos cuenta rápidamente que no hay estudios publicados al respecto que avalen dicha teoría. ¿Así, de que nos sirven una planchas de pelo que hacen luz infrarroja? Bien, estéticamente nos pueden parecer más bonitas, pero lo más probable es que no sean capaces de aportar mejoría alguna si las comparamos con otras planchas de pelo exentas de lucecitas.
Siguiendo en este mismo nicho de mercado, nos podemos fijar en ghd, la conocidísima marca de planchas de pelo. Con unos precios que, comparándolos con la competencia se antojan descaradamente altos, se venden como la marca premium del sector. Si echamos un vistazo en esta comparativa de los modelos de ghd podremos apreciar las innovaciones (o, mejor dicho, la prácticamente inexistencia de ellas) que se han introducido en las gamas de planchas que tienen al mercado. Como se puede ver, las principales innovaciones de sus planchas son estéticas; excusa que parece ser suficiente para aumentar progresivamente los precios de cada una de sus gamas. Por ejemplo, si miramos las especificaciones de uno de sus modelos intermedios, nos encontramos con una jerga elogiosa pero nada concreta, que no llega a argumentar ni demostrar las alabanzas y cualidades que otorgan al producto.

publicidad ghd
Si observamos otro sector típicamente femenino, el de los cosméticos, nos encontramos con flagrantes engaños. L’Oréal, por ejemplo, tuvo que retirar en 2012 un anuncio del mercado por publicidad engañosa. En este sector multimillonario es habitual encontrarnos con publicidad y afirmaciones “confusas y engañosas”, tal como se explica en este artículo del periódico El País.

En definitiva, todos somos víctimas del discurso publicitario; muchas veces demasiado opaco y hasta engañoso. Sin embargo, las mujeres son históricamente un blanco de dichos discursos que, en muchos casos, sobrepasan la línea de lo fraudulento.

El sector multimedia gana el pulso estas Navidades: discos duros multimedia, cámaras de acción y “palos”

Siempre nos gusta echar un vistazo a las estadísticas de productos más vendidos por Navidades. Aunque no son extrapolables al resto del año, si que aportan datos de tendencias a tener en cuenta y que hay que valorar para ver cómo está el mercado y cuáles son los intereses del consumidor medio.

Es el consumidor medio, de hecho, el que acapara mayor volumen de ventas por Navidades. Mucha gente espera a estas señaladas fechas para comprarse –o para que le regalen– aquel ansiado producto que lleva meses deseando. El consumismo propio de esta época nos lleva a sacar nuestras tarjetas de crédito con mucha más facilidad; la percepción de “demasiado” gasto desaparece. ¿Y qué decir de los afortunados que tienen paga doble en estos tiempos?

sector multimedia

Sector multimedia, ganador de la batalla

Si nos fijamos en los productos más vendidos estas pasadas Navidades y los intentamos agrupar por sectores observamos que uno de ellos destaca en cuanto a volumen de ventas por encima de los demás: el sector multimedia.

Por un lado, hemos visto como las cámaras GoPro y derivados han consolidado su posición en el mercado. Aunque GoPro no ha tenido grandes subidas en ventas sí que las han experimentado sus competidores directos: las denominadas cámaras de acción genéricas.

Seguidamente hemos podido observar como muchos usuarios se han decidido por comprar un disco duro multimedia. Aunque tampoco representan un producto novedoso dentro del mercado multimedia, sí que han perfeccionado su tecnología y sus capacidades de reproducción en alta definición recientemente. Por otro lado, el usuario medio cada vez tiene más necesidad de almacenaje de datos, puesto que ahora ya no es sólo receptor de contenido multimedia; también es creador. Así, los discos duros en general, se convierten en productos con mucha demanda. Cabe decir que los discos duros multimedia deben su éxito a su doble función: almacenaje y acceso a la información.

También hemos visto como otro artículo, aparentemente insignificante, llenaba las listas de artículos más vendidos estas pasadas navidades: las denominadas “perchas” o “palos para selfie” (Al respecto, muy recomendable este crítico artículo del periódico El País). Artículo que no tiene nada de novedoso –se inventó hace décadas, de hecho– ha llegado a cotas escandalosas de ventas. Lo novedoso, seguramente, será que hemos perdido la vergüenza que genera el uso de estos accesorios.

En definitiva, vemos como el sector multimedia, y concretamente aquellos artículos que tienen relación con la propia producción de contenido o el almacenaje y reproducción de éste, han gozado de una cuota importante de ventas. Las tendencias nos indican que, por lo general, el usuario medio ya no es aquel consumidor pasivo; sino que se convierte en productor de su propio contenido. Contenido que precisa capturar, editar, almacenar y –por supuesto– reproducir.

¿Alguien dijo ‘freelance’?

Con faldas y a lo loco

Son tiempos revueltos para el freelance, a nadie le cabe duda de ello. Si bien esta alternativa nunca ha sido el camino fácil para nadie a fecha de hoy lo es todavía menos. Sin embargo, hace un par de días charlaba con un buen amigo, caña en mano, sobre su trabajo (un trabajo, para que nos entendamos, convencional, de “contrato” y no cualificado). Me contaba que quería dejar la empresa, pero claro, en caso de presentar su dimisión se quedaba sin indemnización, ni paro, ni finiquito. Se quedaba, literalmente, con una mano delante, otra atrás, y unos pocos centenares de euros en su cuenta bancaria que, calculaba, le darían para sobrevivir un par de semanas a base de arroz hervido y pasta. Se planteaba, ante esta situación, intentar que lo echaran del trabajo para poder así tener derecho a lo anteriormente mencionado. Sin embargo, con las recientes reformas laborales la empresa había adoptado un sistema de faltas, a través del cuál podía echar al trabajador después de cometer tres “fallos”, sin darle indemnización, ni finiquito, ni derecho a paro. ¿En qué consistían dichas faltas? No llevar uniforme. No ir lo suficientemente pulcro ni arreglado. Bajar la productividad. Pequeños retrasos en los horarios o entrega de tareas. Y un largo etcétera.

Como mi amigo tiene un contrato indefinido, sabía que la empresa no iba a echarlo de un día para otro, por lo que no podía: 1, intentar que lo echaran, pues se quedaría sin paro; ni 2, dimitir, por el mismo motivo anterior. “Atrapado en un trabajo de mierda”, me decía. Con la única salida de encontrar un segundo trabajo para poder salir del primero o bien pactar un despido con los abogados y fiscalistas de la empresa.

Ante esta situación yo, autónomo freelance que adolece en cada liquidación trimestral, que ruega a todos los santos una declaración de renta negativa, que hace funambulismos en los picos de trabajo y se come las uñas de ansiedad en esas semanas que quedan vacías… Me sentí profundamente afortunado.

La no tan mísera vida del freelance

El lunes que viene, a media mañana, si quiero puedo estar en la playa tomando el sol. Ésta, sin duda, es una de las más nombradas y conocidas ventajas del freelance que, a la práctica nunca se lleva a cabo. Pero sin embargo, no estoy atado a ningún jefe (más allá de la duración de un proyecto ya aceptado), ni a horarios fijos (más allá de respetar dentro de lo posible las fechas de entrega estimadas), ni siquiera —lo mejor de todo— estoy atado a mi propia actividad. Hoy hago páginas web; mañana me canso y me dedico a la reparación de mecheros Bic.

management

No, no tengo indemnización, ni paro; pero nunca he contado con ellos, por lo que tampoco los necesito. Prefiero la libertad de andar con pocas maletas, la facilidad de cambiar el rumbo que ahora tengo (y que mi amigo, lamentándolo mucho, no posee).   

No es oro todo lo que reluce, por supuesto, pero sigo prefiriendo mi posición ante todo. Al fin y al cabo, yo la he escogido. Tienes que aprender de economía, de balances, de liquidaciones trimestrales. ¿Pero acaso no es útil ese conocimiento en la vida moderna?

Debes controlar, con tu cabecita, demasiadas cosas: que la asesoría te lleve bien los papeles, que no se te pase ninguna fecha de entrega, que tus subcontratados hagan bien y a tiempo su trabajo, que te paguen (y que pagues) las facturas a tiempo, etcétera. Pero, ¿y la satisfacción de saber que lo estás haciendo todo tu, que es tu esfuerzo el impulsor de todo?

No puedes dormirte y debes evitar la procrastinación (aviso: TechCrunch y derivados no cuentan como tal. Si es inspirador no es pérdida de tiempo). Debes invertir una parte de tu tiempo laboral en I+D no lo digo en broma—, en formarte y en renovar y perfeccionar tus metodologías de trabajo y tu propio producto. Debes controlar a la competencia directa más que a tus propios hijos, con el rabillo del ojo puesto sobre ella. Debes aprender a planificar tu tiempo y tus tareas de forma ejemplar, aunque hoy en día, por suerte, existen apps de time management que pueden ayudarte considerablemente. Y lo más importante: debes disfrutar haciéndolo todo a la vez, junto pero no revuelto.

Es evidente que no todo el mundo va a ser capaz de disfrutar de todo esto, y una mayoría preferirán la comodidad y seguridad de la empresa privada. El mundo del freelance, al fin y al cabo, sólo está hecho para culos inquietos e idealistas, para pequeños soñadores que tienen la íntima confianza de poder hacer algo distinto, que creen albergar ideas y ser capaces de hacerlas realidad a base de abrirse paso a codazos. El mundo del freelance —a mi no me cabe duda— es sólo para luchadores.